jueves, 29 de septiembre de 2016

Zabalik Eskuak

Estudié en los Maristas de Zaragoza, donde había buenos equipos de baloncesto y balonmano, pero a mí no me interesaban e hice otras cosas. Entonces Zaragoza formaban “provincia” con los colegios de Bilbao y Pamplona y en todos había un club de tiempo libre (excursiones, campamentos veraniegos, reuniones, etc.) llamado Zabalik Eskuak, salvo en Zaragoza, donde se denominó Amanecer, club en el que fui monitor por muchos años. Disfrutaba las reuniones provinciales con los monitores de otros centros. Los de Bilbao eran la caña, siempre advertían de que todo lo debían consultar con las bases. Las bases eran niños de 12 a 14 años apuntados al club, ya ven ustedes. Por supuesto, no consultaban nada: informaban, igual que hacíamos nosotros, pero la alusión asamblearia resultaba de un vanguardismo fascinante.
Nunca he querido ser base. Me gusta el amplio espectro de pensamiento sin que me arrastren los prefabricados de la ideología. Sucede que, como enseña la Historia, las bases son fácilmente manipulables y sirven de excusa para ocultar la nadería. Lo vemos estos días con el enroque de algunos políticos en su propio egoísmo. Cataluña o el PSOE son buenos ejemplos, de cierta espectacularidad, y divertido sería contemplarlo si no fuera por las terribles implicaciones que tiene. No es lo mismo un club juvenil que un partido político: en este último no se trata con cuestiones domésticas o fingir desagrado ante decisiones orgánicas, sino establecimiento de políticas que pueden afectan al conjunto del país. De ahí la amenaza.
Personalmente me preocupa mucho más lo de Cataluña que la caída del puño y la rosa (algo que se veía venir). Los diarios no le prestan demasiada atención (el laberinto de don Pedro vende ejemplares), pero es crucial reseñar que desde hace un año el 48% avanza ensoberbecido e ignorando al 52% bajo el yugo inflexible del 7% antisistema, un grupo capaz de cobrarse la cabeza del líder supremo y de orientar las fabulaciones ajenas (y al país entero) hacia una guerra penosa contra un enemigo que no reacciona por estar sumido en la parálisis más absoluta. Manejan los hilos del comparsa (un tal Carles) y consideran al 52% prescindible. Así son las dictaduras en democracia: en Cataluña lo llaman RUI.

Ni el enrocado ni los anticapitalistas caminan con manos abiertas. Solo les importa su destino. Ocluyen lo restante porque encuentran la aquiescencia de las bases. Eskuak itxita ibiltzea, egia ezkutatzearen alde egitea da. 

jueves, 22 de septiembre de 2016

Pistas vacías

Tenemos la piel de toro curtida con asfaltos enormes de curvas rectilíneas. Pero no todos se usan. Madrid bombea solo aire con sus radiales porque, sangre, lo que se dice sangre, bien poca circula por ellas. A Euskadi se sale (o se llega) por surcos bien colmados, abiertos entre montañas: si optamos por una de ellas, por ejemplo, rápidamente encontraremos las riberas del Ebro, y si la continuamos, rodaremos los neumáticos hasta Cataluña, donde una pista bituminosa invita al país galo y otra, contraria, a disfrutar del mar. Como estos ejemplos, cientos.
Cuesta un poco entender las diferencias entre autopistas y autovías, más allá de lo dictado en el código de circular, que nadie nunca recuerda. Quedémonos en la evocación que tiñe a las últimas, porque son, casi todas, tatuajes dibujados sobre vetustas cicatrices preexistentes, y en que las construye el estado. Fueron buenos tiempos aquellos, especialmente para las constructoras. En el ministerio que las fomentaba los directores generales hablaban de presupuestos tomando como referencia el kilómetro de autovía. “Para mi departamento, Ministro, requiero trescientos metros”. Se abren túneles, se pintan viaductos (todos espantosos), se surcan las tierras tranquilas convirtiéndolas en vertebración secundaria del todopoderoso centro. Galicia, la cornisa cantábrica, Andalucía, las Canarias… Al carajo los seiscientos. Que rueden coches poderosos. Roturados han quedado los montes para que todos metan sexta. Run run, abran paso.
Todo este gusto por viajar seguro y fluido tenía que encender, obligadamente, las codicias. Es el momento de las (improductivas) autopistas privadas. Si hay estaciones de alta velocidad ferroviaria donde no sube nadie a los vagones, y eso no impide que las construyan, por qué no ha de suceder lo propio con los caminos para vehículos privados, cuando hay decenas de millones, y cada vez más. Sean treinta y una las atrocidades con peaje (más atroces cuanto más innecesarias). Sean tres mil los kilómetros, ni uno menos, que no se diga. Y sea una población que decide preferir las saturaciones gratuitas a las fluideces de pago (por escaso que sea). Zas, sea la bancarrota…

Tenemos España curtida con asfaltos enormes, terribles, de rectas que vuelan hasta el horizonte... y nadie usa. Y habrá que pagar por ellas, o dejarlas languidecer, llenarse de matojo y hierbas, volverse pedregales. Feas como el demonio, nos van a afear la tierra y el bolsillo por décadas. O más.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Dejadle hacer

Llevo meses obviando lo de las terceras elecciones. Pero ya media septiembre y debo decir que yo no quiero volver a no-votar en diciembre. Y si hay que no-votar, mejor sin ninguno de los dos ilustres alcornoques que se vienen moliendo goyescamente a palos desde el año pasado.
Por supuesto sin Don Mariano, ese señor impasible que lo mismo suscribe un pacto de investidura con imprecaciones contra la corrupción como se limpia enseguida el c… con el susodicho acuerdo porque resulta que hay que recompensar a un amigote canario que vacaciona en Panamá donde, fíjense ustedes, tenía invertidos unos ahorrillos en lugar de hacerlo en la industria patria a la que ministerialmente dizque representaba. Ahí le ha dado, lo suyo es comedia bufa y escarnio del bueno para la ciudadanía. ¿Se puede votar a este señor de Galicia? Yo a este tipo no le votaría ni ebrio de vino. Ustedes hagan lo que quieran. Pero, oiga, que ganó las elecciones. ¿Cómo dice? Sí, sí, y en las segundas ganó mejor que en las primeras, aunque no definió, que dicen los futboleros. ¿Y en las terceras? Lo mismo aventaja aún más. ¿Cómo es posible?
Es posible porque, enfrente, está don Pedro, un sedicente doctor economista que tiene más de doctor No que de otra cosa, y que se pasa el tiempo diciendo que gobierne el gallego, pero con su voto en contra, a ver si puede, si tiene lo que hay que tener, manda huevos, que dijo el otro, mientras la va liando parda rascando bajo los escaños por si hay algún tonto a quien colar lo del gobierno de la izquierda (¿dónde?) aunque luego se la cuelen a él, porque asaz votos no hay paraíso monclovita y los otros, que son más listos, lo saben. Y en ese empeño se encuentra el doncel, trabajando con obstinación para repetir las elecciones no una, ni dos, ni tres, las veces que hagan falta hasta que, por puro hartazgo, consiga que todos, incluso yo, nos acerquemos a la urna maldita con una papeleta de don Mariano a ver si se acaba de una p... vez el jueguecito.
Lo mismo estoy yo confundido y resulta que lo de dejar gobernar y hacer férrea oposición es ominoso, mejor perder por goleada y ser oposición porque no queda otra, que lo que mola es decir no y no y mil veces no porque la rosa es rosa y el puño es puño, y hay más honra en votar contra la apisonadora que descuajaringarla para impedir que ande mucho (lo que ocurriría ahora si seis de don Pedro se abstuvieran).

¿Queréis gobierno? Dejad, dejad a don Pedro, él sabe cómo lograr que lo haya.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Falsificaciones históricas

Anne Frank murió de tifus a la edad de quince años en el campo de concentración de Bergen-Belsen, en la Baja Sajonia alemana, semanas antes de su clausura. Un chivatazo permitió a la Gestapo encontrar el anexo de la fábrica de pectinas del Prinsengracht, o Canal del Príncipe, en Amsterdam, donde permanecía oculta junto con su familia y cuatro personas más. De la familia, solo sobreviviría su padre Otto.
Tras el Holocausto, Otto Frank dispuso del cuaderno de su hija y aseguró el legado. Creó el museo Casa de Anne Frank, donde se puede visitar tanto las dependencias como el tristemente famoso escondite en el que vivió oculta. Tres años después, Otto creó la Fundación Anne Frank en Basilea, Suiza, por aquello de pagar menos impuestos, cuyo objeto no es otro que cobrar los derechos de autor del diario y distribuir las ganancias a organizaciones benéficas como Unicef. Finalmente Otto acabó legando el diario al estado holandés.
Un diario controvertido, pues el Sr. Frank no publicó los textos manuscritos de su hija, sino que encargó al escritor judío Meyer Levin la elaboración de la obra por todos conocida. Si Otto Frank hubiese sido tan solo el editor del diario, los derechos de propiedad intelectual permitirían la libre difusión del texto a partir del 1 de enero. Pero la coautoría lo impide y significa que, además, en efecto, nos han estado mintiendo durante años por mucho que desde la fundación expliquen que el padre solo cortó, pegó, ordenó y adecentó el diario (olvidan al Sr. Levin). El caso es que los derechos se reactivan hasta que se cumplan 70 años de la muerte del Sr. Frank, ocurrida en 1980. O más, porque Mirjam Pressler revisó, editó y añadió en 1991 una cuarta parte del material incluido en la "Edición definitiva del diario de Anne Frank". Sus derechos de autor fueron transferidos igualmente a la fundación.
Poco importa la autoría del diario. Me vale lo mismo tanto si lo escribió Anne como si lo pergeñó por entero otra persona. Bergen-Belsen, Auschwitz, Majdanek o Treblinka siguen manifestando con su silencio el oprobio padecido por millones de personas. Lamentablemente, hay quienes viven creyendo que el Holocausto fue un mito y se basan en discusiones estúpidas como esta para afirmarlo.  Claro que también los hay que, antes que honrar a las verdaderas víctimas, parecen buscar solo la prevalencia de sus lucrativos tinglados.
Como diría Anne, "¿por qué los adultos disputan tan fácilmente?"

viernes, 2 de septiembre de 2016

Mujeres tapadas

“Y di a las creyentes (mujeres) que bajen la mirada y guarden recato; que no deben mostrar su belleza y adornos (…); que deben echar el velo sobre sus pechos y no mostrar su belleza, excepto a su marido, sus padres, padres de su marido, sus hijos, hijos de sus maridos, sus hermanos o hijos de sus hermanos, o los hijos de sus hermanas, o sus mujeres”

El Corán pide a hombres y mujeres que vistan con modestia. En los años 70, las musulmanas de los países hoy fundamentalistas podían estudiar carreras universitarias, vestir falda y llevar el cabello al aire. Cuando advino el extremismo, la mujer fue degradada y humillada, y sus sociedades revertidas a épocas medievales. Me absorta esta interpretación de la práctica de la modestia: solo afecta a la mitad de la especie humana y desde épocas recientes, porque ninguna abuela musulmana de estos hombres modestos por naturaleza fue obligada a enfundarse un traje ultramontano para poder ir a la playa o pasear por la calle.

Pese a ello, aquí en Europa hay quien defiende el burka o el burkini, signos inequívocos de desigualdad y opresión, como derecho a ejercer la mujer su libertad multicultural, dicen. Victoria rotunda del fanatismo al haber logrado, mediante estos inesperados aliados en Occidente, alzar su opresión sexual a la categoría de libertad. La tolerancia del multiculturalismo es tan conspicua que no duda en someter las normas de convivencia al dictado de cualquier repugnante precepto religioso. Cualquier cosa menos librar la incómoda batalla contra la impostura y la mendacidad. Relativismo en estado puro. Mediocridad intelectual sin ambages. El problema es que, además, este debate exacerba las tesis de la ultraderecha, interesada en hacer creer que el mundo musulmán es el de los burkas, y así proclamar que tan sustanciales diferencias entre ambas civilizaciones se solucionan únicamente con la segregación. En esto coincide con el fundamentalismo islámico, ya ven.

Asumir que no hay posibilidad alguna de diversidad cultural en el mundo musulmán (que lo hay o hubo) y erigir como libertad un símbolo de esclavitud, menosprecia las voces alzadas por tantas mujeres contra el fanatismo wahabí. Porque, aunque no se sepa, hay mujeres árabes que llevan muchos años creyendo en la igualdad sin adjetivos teológicos y luchando contra esta ideología. Para ellas, ver que en Europa defendemos ese burkini del que tanto les ha costado librarse es otra manera decepcionante de traición.

Agua del cielo

Un taxista de Barcelona, revolucionario marxista convencido, defensor de la banca pública y la regulación intensiva de un país contra los i...