jueves, 18 de mayo de 2017

El carajal patrio

Lo de España es un carajal de aúpame y no te menees, donde no vuelan las gaviotas, sino los cuchillos, y no crecen las rosas, sino los hongos del estiércol. No es la corrupción. Tampoco las intrigas palaciegas con sus filtraciones, grabaciones secretas, micrófonos, puñaladas... Lo es todo. Está todo descontrolado. Una a una, las evidencias de por sí infames, tanto que causan repugnancia, no explican por qué sucede lo que está sucediendo.
Si miramos arriba, al empíreo, contemplamos a un ser pusilánime, apocado, timorato: el de la Moncloa es un semi-dios controvertido por su inherente incapacidad para guiar, para liderar, para convencer, para hacer cambiar. Ni a los suyos, ni a los otros. A nadie. De su inmovilismo se aprovechan los seguidores, que se mueven lenta, pero inexorablemente, como una marabunta tumultuosa que lo devora todo a su paso. Esta devoración deja tras de sí un reguero de corrupción y ruindad que lo anega todo.
También arriba, un poco más a la izquierda, se mueve otra masa de gente gritona e iracunda, enfrentada entre sí, a causa de, aquí también, un vacío de poder absoluto. Causa pavor, aunque uno sospecha que no podría ser de otro modo, que en el enfrentamiento se estén midiendo las fuerzas dos emperadores desnudos: uno mujer, gobernanta, ambigua, imprecisa, establecida y encajada en los mecanismos de su partido; otro, un derrocado, hombre, sin discurso ni talento, azuzador de conciencias, revanchista.
Y si atisbamos alrededor, se perciben más masas de gente gritona, extremista, que hacen del enfrentamiento su única convicción, unas veces sustentada en prolijos conceptos segregacionistas de difícil manejo y peor praxis (nada más hipnótico que un destino impreciso, nada más esclavizante que inadvertirlo) y otras en obsolescencias ideológicas antisistema que, de llevar a alguna parte, es al desastre absoluto. Unos y otros, desafiantes de este Estado emponzoñado en su inutilidad orgánica y su miedo a la gobernanza en libertad, se aprovechan de él y lo emplean para alcanzar los fines y metas que, improvisadamente, se van creando.
Lo de este país es como una esquizofrenia. Fracturación, intrigas, deslealtades, corrupción. Han de llegar los bárbaros y acabar con el imperio. El carajal patrio anuncia el fin de las libertades y el establecimiento del extremismo. Quienes podrían hacer frente a la inminente invasión, que lo destrozará todo, están muy ocupados librando sus propias sucias guerras internas.